Ha pasado un año desde que los aires de cambio me trajeron aquí. Wow!! No puedo hablar del vino a modo generalista en EE.UU ya que New York se considera como una islita muy diferente de otros estados del interior. Releyendo el blog me di cuenta que prometí hacer alguna reseña de como se veía el vino en las américas.
En primer lugar ya he pasado la etapa de dejar de mirarme al ombligo como buen español. Esto se traduce en eliminar esas ideas de que los yankees no tienen ni idea ni de vino ni de comida. Simplemente es distinto.
Los neoyorkinos tienen una mente abierta, que les ha llevado a poseer un grado cosmopolita como ninguna otra ciudad del mundo.
De esta manera quizás preferirán un bagel con cheese - cream (un sandwich que personalmente detesto) a un bocadillo de pan tomate y jamón serrano. Pero a su vez han probado cocina Etíope, Cubana, Escandinava... por ello su conocimiento sobre cocina puede ser incluso superior al nuestro si lo vemos desde un punto de vista global.
Esta introducción de la comida, sirve como ejemplo perfecto para el asunto del vino.
Los mecanismos de elección les lleva a mirar más la variedad de uva que el origen del vino. Por otro lado confían mucho en los profesionales ya sea en tienda o restaurante, siempre partiendo de esa tendencia por conocer cosas nuevas.
Las tiendas de vino, presentan porcentajes de venta mucho mayores que en España, lo que se traduce en un consumo doméstico mayor.
La regularidad y variedad en la organización de catas en estos establecimientos es de admirar.
La edición de libros en sus distintos puntos de especialización debería sonrojar a más de un editor en España.
Se pueden citar más ejemplos, pero todo se resumiría en un afán de aprender y conocer mundo.
Disfrutando del vino sin complejos ni tradiciones arraigadas que nos acobardan ante las novedades.
Ese punto de globalidad, les otorga un conocimiento sobre un espacio mayor que el ombligo que a nosotros nos gusta contemplar, sin levantar la cabeza y mirar más allá.
Un punto, en el que quizá discrepo es en su devoción por vinos con taninos agresivos, tendencia que quizá impuso Robert Parker y que muchas bodegas españolas aceptaron como doctrina.
No pretendo crispar a nadie, ni tampoco crear polémica. Confieso que acudo regularmente a una tienda para comprar queso español, que visito regularmente un restaurante para hacer el "brunch" porque tienen un bocata de jamón con tomate que me cura la nostalgia, y no me he podido resistir a comprar un par de botellas de vino español. Incumpliendo así mi propósito de solo consumir vino extranjero durante mi etapa aquí.
Un abrazo
Ah! un vinillo que me gusta mucho como vinito para beber en casa sin un plan muy especial (barato, vamos). AGUA DE PIEDRA, una Malbec de Argentina Reserva , de terruño, profundo pero sutil.

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